Naipes


No puedo decir que me vaya mal, no sería justo, pero he perdido la cuenta de las veces que he llorado. Empiezo el año de la misma manera, entre lágrimas de añoranza y una desesperación que para pocos tiene lógica ni sentido. Lo bueno se ha hecho tan corto y lo malo... Lo malo se ha convertido en una pesada losa que cae sobre mi pecho. No tengo días mejores y peores, tengo lapsos de tiempo donde la rutina hace que el malestar se difumine y la apatía tome las riendas. Y lo prefiero, porque cuando vuelvo a conectar con mi realidad me caigo de nuevo.

La distancia hace mella, tal vez porque soy tan fuerte como un castillo de naipes. Cuando se acorta vivo, respiro. Porque ni soy tu media naranja ni una completa mandarina, soy un gajo contigo. Y tu conmigo. Al menos uno de los dos es capaz de ver a largo plazo, yo solo veo el ahora. Y ahora que no estás conmigo, muero otra vez. 

Lo que encontrarás en Cadencia




Juliette nació en Bruselas hace diecisiete años bajo el amparo de una familia acomodada. Estudia en un internado católico, por cortesía de una madrastra muy preocupada por su educación, en el que convive con menos de un centenar de chicas rebeldes como ella. Su única conexión con el mundo real es a través de una pantalla desde la que comparte las canciones en las que deja volar su alma.

Víctor, por el contrario, es libre. Ya ha cumplido los veintiuno y sigue sin más aspiración en la vida que hacer surf y disfrutar de la música. Tiene una familia que alimenta su libertad y se aprovecha de ella bajo el sol de Australia. Con una guitarra heredada, compone acordes a los que otros ponen la letra. Otros como la chica belga que hace magia con las cadencias.

No aspiran al mismo sueño, no son de la misma edad, no tienen raíces similares y ni siquiera coinciden en uso horario, pero una pasión compartida es capaz de arrasar con cualquier barrera. La distancia no podrá interponerse a lo que la música había unido. 

Las semillas de la historia están plantadas, ¿te animas a regarlas? Observa como crece y se desarrollan sus ramas. 

Siempre GRATIS en este blog.

5 cosas que aprendí de Mad Men como escritora


Antes que escritora soy lectora. Gracias a eso aprendo de cada bocado que doy a cualquier libro, sea de mi gusto o no, pero también a cualquier serie o película. No suelo hablarte de lo que veo, pero en esta ocasión me muero por comentar esta. 

Normalmente, veo series por la misma razón que leo libros: Busco entretenimiento. Espero adentrarme en un mundo diferente que me haga desconectar de mi realidad y, al mismo tiempo, encontrarme en sus personajes. 

Los personajes, y solo ellos, son los responsables de que siga viendo una serie, una película o leyendo un libro. Por eso, a pesar de que los 60, el sexismo, el alcoholismo, el mundo de la publicidad o la era dorada del capitalismo no son lo mío, me enganché a esta serie años después de su última temporada. Fueron ellos quienes me enseñaron sutilmente la gran cantidad de cosas que, como escritora, tengo que trabajar desde ya

 1. Identificación con los personajes.

Me vi en ellas y también en ellos. Como escritora a veces se me escapa que sentirse identificado no implica compartir género, estatus social, estudios, gustos musicales o forma de vestir. La identificación es mucho más profunda y personal de lo que los noveles creemos. Las emociones son la clave. Haber pasado una experiencia similar, haber experimentado las mismas emociones o darles la suficiente justificación a sus actos para que sean fáciles de empatizar. 

El trabajo en los personajes previo a la escritura puede ser muy tedioso, principalmente porque la mayor parte de ese material no lo vas a utilizar, pero te hará conocer al personaje de tal modo que hasta sus diálogos podrán definirlo. 

Y no importa si caen mal. Algunos deben caer mal. Algunos deben ser juzgados por los lectores, pero desde luego tienen que ser consecuentes. En Mad Men todos los personajes tienen su porqué. Desde el galimatías emocional de Don Draper a la superficialidad de Roger Sterling, cada uno es su contexto y con su propia historia, son coherentes y, por tanto, despiertan empatía en los espectadores.

2. Perseverancia inteligente. 

Esto lo aprendí de ellas. Los personajes masculinos, a pesar de que algunos tengan menos suerte que otros, siempre lo tienen más fácil que las mujeres a la hora de perseguir sus sueños o aspiraciones. Pero ellas, desde el sentimiento de inferioridad que la sociedad les ha impuesto, se mueven con cuidado, inseguridad y miedo, pero se mueven. 

  • De la redactora Peggy Olson, me quedo con el constante aprendizaje en escala ascendente. De secretaria, pasó a redactora por casualidad y con ello se encendió la llama de su ambición. La evolución de este personaje es mi favorita (otros involucionan, ella siempre mira hacia adelante). Al principio, aceptando que tiene menos derechos que los hombres, trabaja para convertirse en alguien imprescindible, y después, con sus logros como respaldo, empieza a exigir lo que le pertenece. Es perseverante y sabe cuándo y cuánto serlo. 
  • Con Joan Holloway-Harris entendí el significado de armas de mujer. Su elegancia sibilina es envidiable y, aunque al principio te pueda parecer de lo más superficial, no hay personaje con más capas que ella. Conoce y entiende el estado de la sociedad y se adapta, con mayor o menor esfuerzo, a cada requerimiento. Juzgada en cualquier ámbito por su aspecto, lo asume y se retira, tragándose su orgullo, cuando es necesario. Pero eso no le impide seguir avanzando. Su ambición es diferente a la de Peggy, evoluciona de una forma diferente, pero también juega sus cartas con inteligencia. 
  • De Megan Draper aprendí algo diferente. La segunda mujer del protagonista trabajaba como secretaria por dinero, no por pasión ni ambición. Y cuando tuvo su economía segura, gracias a depender de un marido rico (eso sí), dejó su puesto asegurado por perseguir el sueño de ser actriz. Pero no es eso lo que aprendí de ella. En lugar de pasearse por castings o actuar de forma amateur, se buscó un buen lugar en el que prepararse, estudiar y crear contactos para luego ir a las pruebas con mayor seguridad. Por supuesto, a la hora de trabajar le ayudó tener enchufe, pero no perdió el tiempo. Yo pierdo mucho tiempo leyendo webs para escritores que no me enseñan nada y me llenan la cabeza de pájaros hasta liarme. Si sumase la cantidad de tiempo perdido en este tipo de aprendizaje, probablemente el valor económico sería mucho más alto que el de cualquier curso de escritura de calidad. Todo es cuestión de prioridades. 


3. "Work smarter not harder"

En la sala de creativos, tenían un cuadro con este eslogan. Perdían mucho tiempo buscando ideas y contaban con herramientas para provocarlas que usaban con mayor o menor acierto. No se trata de pegarte al teclado dedicar cuatro horas a escribir, cuatro a redes sociales para promocionar tu libro, cuatro al seguimiento de lo que dicen de tu libro... No nos llegarían las horas al día para una sola novela. 


Piensa bien cuál es tu objetivo (vender, que te lean o escribir mejor), luego valora que acciones crees que funcionarían para ti, el tiempo real que puedes dedicarle y prueba. ¡Es gratis! 

4. Las personas LGBT existen (y existieron) sin alterar la historia.

La semana anterior se crearon debates muy interesantes en twitter sobre una afirmación de Laura Gallego en una entrevista. Yo la seguí a través de los comentarios de los lectores, pero al parecer se justificó en que no usaba personajes LGBT porque la historia no lo requería. 

Sin nada que comentar respecto al trabajo o las opiniones de la autora, yo tengo otra opinión. No creo que meter un personaje heterosexual, homosexual, bisexual o transexual tenga que ir por requerimiento de la historia. De hecho, Cadencia (mi novela gratuita que puedes descargar aquí) la historia hubiera salido de la misma manera fuera Juliette (protagonista) bisexual o no, fuera lesbiana Clare (secundario) o no. 

Pero reconozco que es en la única de mis novelas que esto es así y me he propuesto cambiarlo. Porque si quiero hacer a mis personajes verosímiles debo normalizar y generalizar su uso para que sean el reflejo de la sociedad que siempre busco. Tal y como ocurre en Mad Men. 

Los personajes homosexuales y bisexuales que aparecen en esta serie no alteran en absoluto la historia. Aun situada en esa época represiva, Salvatore, el dueño de Lucky Strike, Joyce Ramsey incluso el propio Steerling, viven su sexualidad sin alterar un ápice el argumento general. Porque es lo lógico. Y lo hacen siendo un reflejo de la sociedad del momento. 


5. El feminismo es feminismo 

En este punto también me fijé tras las polémicas sobre personas que dicen no ser machistas ni feministas cuando el feminismo lucha por la igualdad. A todas esas personas les recomiendo coger el diccionario y se lo pongo fácil enlazando la definición en la RAE.

Antes de ver la serie ya sabía la cantidad de tópicos machistas que me iba a encontrar. Y también sabía que iba a ver algunos que actualmente siguen al pie del cañón. Lo que no sabía era que iba a encontrarme feminismo (un feminismo incipiente, sutil y frágil) en algunos de sus personajes y que, en términos generales, no se puede calificar como una serie machista. 

¿Conoces el Test Bechdel? Yo reconozco que hasta hace poco creía que películas como Tom Raider o Underworld donde una protagonista es fuerte, lucha y tiene carisma, era más que suficiente para que la película, libro o videojuego no fueran machistas. 

Pero este test, desarrollado en 1985 (tres décadas ya...) me abrió los ojos. Los requisitos para que un texto no sea machista son:

  1. Que aparezcan, al menos, dos personajes femeninos. 
  2. Que interaccionen entre ellas.
  3. Que su conversación no sea sobre un hombre (novio, hermano, padre, primo...).
Puede parecer una tontería, pero piénsalo. ¿Cuántas películas famosas, libros u obras conoces que lo cumplan? Y tus novelas, ¿lo cumplen? 
Mad Men sí los cumple. En mayúsculas. 

Sus personajes femeninos tienen papeles protagonistas, no son tan fuertes e independientes como les gustaría, pero sí en su contexto. Son ambiciosas, madres y trabajadoras, con personalidades perfectamente diferenciadas, son inconformistas e interaccionan. A veces hablan sobre algún hombre, sí, pero otras tantas hablan sobre sí mismas, sobre sus trabajos, sobre las campañas publicitarias, sobre sus necesidades laborales, sobre lo que sea. Es decir, de nuevo un reflejo de la sociedad real. 
Si bien es cierto, y permíteme que insista, esta serie pasa el test, pero hacerlo no significa que no sea una historia en la que se hable de sexismo, cosificación de la mujer y un largo etcétera. Este test no significa que una historia refleje igualdad de géneros, sino que no es machista. ¿Qué pasa con las historias que ni siquiera lo cumplen?
Que un personaje femenino diga palabrotas, vista desenfadada, sea fuerte o no se deje dominar del todo por un personaje masculino no hace que una historia deje de ser machista. Simplemente hace que ese personaje tenga esas características, que está genial si es lo que se pretende, por supuesto. Pero, ¿cuántos de esos personajes que has leído (o incluso escrito alguna vez) interaccionan con otra mujer para hablar de algo diferente a un hombre? 




 Mad Men ha sido mi escuela de personajes estos dos últimos meses. Te invito a disfrutarla o a compartir aquí las conclusiones que sacaste al verla, si ya lo has hecho, o si te vas a animar a hacerlo. Y de paso, te invito a reflexionar conmigo. Puedes hacerlo aquí o a través del correo veritasalterea@gmail.com. Me encantaría leerte.